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Requisitos para los pastores

Dios llama, capacita, provee sostén y premia a los pastores. A la vez, él da a la iglesia la facultad de elegir, ordenar y enviar a los pastores.

La Biblia declara cómo debe ser el carácter de los hombres que están capacitados para esta obra importante a fin de que la iglesia no se equivoque al elegirlos. A continuación presentamos una lista de las cualidades de un cristiano que es digno de ser pastor.

Lleno del Espíritu Santo (Lucas 4.1; 24.49; Hechos 1.8; 6.3)

La obra del pastor es una obra espiritual. La misma tiene que ver directamente con los espíritus de los hombres. Esta obra puede realizarse solamente por la dirección y el poder del Espíritu Santo. Si fuera posible que alguien cumpliera con todos los demás requisitos de la Biblia sin ser lleno del Espíritu Santo, quedaría totalmente incapacitado como pastor. Sólo el pastor que esté lleno del Espíritu Santo puede tener éxito en su obra.

Una vida irreprensible (1 Timoteo 3.2; Tito 1.5–6)

Dios requiere que sus siervos sean de carácter intachable. Para que el pastor tenga éxito en el servicio del Señor es necesario que posea un carácter irreprensible, que esté dispuesto a reconocer los errores que tenga y corregirlos. Pueda ser que otros critiquen su vida; pero él tiene que estar libre de manchas mundanas, y sin reproche.

Un buen testimonio (1 Timoteo 3.7)

Los incrédulos de la comunidad conocen el carácter de los hermanos. Es necesario que el pastor tenga buen testimonio entre ellos “para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo (1 Timoteo 3.7). “De más estima es el buen nombre [testimonio] que las muchas riquezas” (Proverbios 22.1). El pastor nunca podrá ganar para Cristo a aquellos que no le tienen confianza; y la confianza nace del buen testimonio. Sin un buen testimonio de los de afuera el pastor es ineficaz en su obra y está por desanimarse.

Humildad (Hechos 20.19; 1 Pedro 5.5)

Todo pastor que es humilde siempre tiene éxito. Posiblemente los dos “pastores” más sobresalientes antes de la época cristiana eran Moisés y Juan el Bautista. El primero fue más manso “que todos los hombres que había sobre la tierra” (Números 12.3). El segundo vivió y se vistió con humildad durante toda su vida. Jesús dijo lo siguiente de Juan el Bautista: “Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista”. El fundamento de la verdadera grandeza es la verdadera humildad. No hay nada más repugnante en un pastor que un espíritu orgulloso, vanaglorioso, altivo y arrogante. Dios exalta a los humildes y humilla a los orgullosos.

Sin egoísmo (Romanos 15.1–3)

Hay una relación estrecha entre la humildad y el hecho de no ser egoísta. El orgullo y el egoísmo son gemelos que destruyen el ministerio de cualquier pastor. Pero la humildad, unida con la generosidad, trae éxito a cualquier oficio en la iglesia. ¡El pastor cristiano debe aprender de su Maestro cómo servir a otros sin egoísmo!

Paciente (2 Corintios 6.4; Santiago 1.4)

La Biblia dice: “Tenga la paciencia su obra completa” (Santiago 1.4). Un hombre impaciente no está capacitado para soportar las pruebas que el pastor tiene que soportar. Al pastor le hace mucha falta la paciencia. En la iglesia se presenta todo tipo de problemas. Y si el pastor se impacienta, los problemas empeoran. La paciencia y la calma ayudan mucho a resolver dificultades y problemas. “Tenga la paciencia su obra completa...” en el pastor.

La firmeza (1 Corintios 15.58; Efesios 4.14–16; Santiago 1.8)

La firmeza en la fe es una cualidad que se requiere en la obra del pastor. La escritura condena el doble ánimo. Tal hombre “es inconstante en todos sus caminos” (Santiago 1.8). Precisa que el pastor tenga mucho cuidado en llegar a cierta conclusión sobre algún punto, especialmente en puntos poco definidos en la Biblia. Pero cuando encuentra la verdad bíblica, debe mantenerse firme en ella sin moverse. El pastor inestable, llevado de acá para allá, no es digno de confianza ni de dirigir los asuntos serios de la iglesia.

No iracundo (Tito 1.7)

La Biblia dice que el pastor no debe ser iracundo. No se gana nada con el enojo, más bien se pierde a causa de esta falta. El mal carácter repele y destruye. Un hermano que no puede controlar su enojo, seguramente no puede cuidar y enseñar a otros.

No soberbio (Tito 1.7)

El hermano soberbio rehúsa sujetarse a otros (1 Pedro 5.5), pues tiene mucha confianza en sus propias opiniones. Él no quiere reconocer sus errores o confesar sus ofensas (Santiago 5.16). Si tal hermano fuera pastor entonces produciría muchas discordias y divisiones en la iglesia. Al elegir a un candidato para ser pastor guárdese del hermano soberbio.

Sobrio (1 Timoteo 3.2, 8)

No se requiere que el pastor sea de un carácter triste, austero y demasiado serio. Pero sí debe ser sosegado, meditativo, sobrio y prudente. Cuando le toca tomar una decisión él debe considerarla razonablemente. La frivolidad, la ligereza y la falta de dominio propio son rasgos que destruyen la obra del pastor.

Vigilante (Hechos 20.28–31)

Los pastores son los atalayas en los muros de Sión. Es su responsabilidad velar cuidadosamente y advertir del peligro que se acerca. Ellos tienen que estar despiertos y bien alertas a las necesidades de su propia vida y de la iglesia. El pastor soñoliento, negligente e indiferente permite que el enemigo entre en el rebaño y disperse la grey. “Por tanto, velad” (Hechos 20.31).

Estudioso (1 Timoteo 4.13)

Pablo amonestó al joven pastor Timoteo, diciéndole: “Ocúpate en la lectura”. La Biblia debe ser la biblioteca principal del pastor, y todo lo demás que él lea debe estar de acuerdo con la misma. En esta época el mundo puede influir en nosotros sutilmente por medio de su literatura. El pastor debe aplicarse al estudio de la Biblia y de otros libros sanos.

Sano en la fe (Tito 2.1–2)

La sanidad de la fe de un miembro se debe comprobar antes de considerarlo como un candidato para ser pastor. Los pastores que creen en doctrinas falsas pierden su utilidad y llevan consigo a otros al naufragio. Un carpintero no construye una casa con madera podrida. De la misma manera, la iglesia no debe poner a hombres débiles como pastores porque de ellos depende mucho la obra de la iglesia. ¿Cómo puede un pastor hablar “lo que está de acuerdo con la sana doctrina” cuando él mismo no es sano en la fe? ¿Cómo puede “convencer a los que contradicen” cuando él mismo no aprueba la sana doctrina? Es muy importante que el pastor sea sano en la fe en estos últimos tiempos en que los hombres no toleran la sana doctrina. Si queremos guardarnos de la apostasía que nos amenaza, tenemos que elegir como pastores solamente a los hermanos que sean sanos en la fe.

“No un neófito” (1 Timoteo 3.6)

Un hombre recién convertido a la fe no ha tenido ni el tiempo ni la oportunidad para probar si en verdad es sano en la fe. Por tanto, lo que la Biblia dice acerca de los requisitos para los pastores impediría ordenar a un recién convertido. La Biblia no prohíbe que se ordene a un hermano joven. Sin embargo, requiere que un candidato para ser pastor haya sido cristiano suficiente tiempo para probarse apto para este llamamiento sagrado. Sería mejor que la iglesia espere más en vez de ordenar apresuradamente a un hombre inteligente, pero todavía nuevo en la fe. Tales pasos apresurados muchas veces conducen al remordimiento y traen mucho daño irreparable.

Libre de relaciones matrimoniales que no le convienen (1 Timoteo 3.2, 11–12)

En esta época cuando muchos aceptan el divorcio y las segundas nupcias, es importante que el pastor se mantenga firme en cuanto a lo que la Biblia enseña acerca del matrimonio. Si el pastor no puede pararse delante de los hermanos como un ejemplo en estos puntos entonces su influencia para el bien de la iglesia será destruida. La esposa del pastor tiene mucho que ver con el éxito o el fracaso de la congregación. Una esposa no es “ayuda idónea para él” en la obra del pastor si es chismosa, entremetida o si no cumple fielmente su papel en el hogar. Tal esposa es un obstáculo a la obra de la iglesia.

Que tenga el don de enseñar (1 Timoteo 3.2; 4.11; 2 Timoteo 2.2, 24)

Solamente el conocimiento no hace al maestro. La capacidad de enseñar es un don. Es una aptitud que no se adquiere sólo por acumular mucho conocimiento. Jesucristo, la cabeza de la iglesia, “constituyó a unos (...) maestros”. El don de enseñar viene de arriba. La mayor parte de la obra del pastor se relaciona con la enseñanza. Jesús mandó que enseñáramos “todas las cosas” que él ha mandado. La Biblia requiere que el pastor sea “apto para enseñar” e idóneo “para enseñar también a otros”. La iglesia tiene la obligación de elegir a pastores que sean fieles e idóneos que tengan el don de enseñar y guiar a otros en la verdad.

Que sabe gobernar (1 Timoteo 3.4–5)

Puesto que los pastores tienen la responsabilidad de mantener el orden de Dios en la iglesia y también de dirigir en ella, entonces es preciso que tengan la habilidad de guiar y gobernar antes de que sean ordenados. La Biblia enseña que un obispo tiene que administrar bien su casa, y declara que “el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?” (1 Timoteo 3.5). Cuando hay orden en el hogar indica que el padre gobierna bien y que haría lo mismo si tuviera la responsabilidad en la iglesia.

Separado de enredos mundanos (1 Timoteo 3.3; 2 Timoteo 2.4)

La Biblia menciona varias cosas que impiden la obra del pastor. Entre ellas está desear el poder mundano, codiciar ganancias deshonestas y estar demasiado enredado en los negocios de la vida. Sabemos que ocuparse en las cosas materiales no es malo. Pablo mismo se ganaba la vida trabajando, y él mandaba a otros a hacer lo mismo. La labor honrada, sea del cerebro o de las manos, es recomendable y saludable para el pastor. Pero él tiene que mantenerse libre de enredados mundanos en los negocios y las actividades sociales. Él tiene que estimar más la gracia de Dios que las riquezas del mundo. Además, el pastor debe desear más ganar almas que ganar dinero y la alabanza del mundo. Él espera la corona de vida que recibirá después de terminar la buena batalla. Esto significa que él no estima el honor y la aprobación del mundo. El pastor debe ser un ejemplo de cómo los cristianos se mantienen separados del mundo.

Consagrado a su llamamiento (1 Corintios 9.16–18; 2 Corintios 12.15)

Pablo estaba dispuesto a gastar lo suyo y hasta entregarse a sí mismo a causa del cargo que él tenía. Pablo hacía todo esto con amor y con fe aunque no hubiera recibido la aprobación de parte de aquellos a quienes él servía. Él estaba tan deseoso de cumplir su llamamiento que no dejó que el rechazo y desprecio de la gente lo desanimara. Pablo se sacrificaba mucho para que el evangelio de Cristo fuera predicado gratuitamente y para que en ninguna forma él abusara de su autoridad en el evangelio. El celo verdadero por la obra hace que el sacrificio sea un placer en vez de una carga.

Un ejemplo vivo (1 Timoteo 4.12; Tito 2.7–8)

Timoteo podía reprender con toda autoridad y no permitirle a nadie tener en poco su juventud, con tal que él fuera “ejemplo de los creyentes”. Tito, otro pastor joven, fue exhortado a ser “ejemplo de buenas obras” (Tito 2.7). El pastor que lleva una vida ejemplar predica un sermón eficaz sin la necesidad de muchas palabras. Un orador elocuente puede convencer a una congregación por medio de sus palabras. Sin embargo, si su vida no corresponde con su prédica él está predicando un sermón sin sentido, y durante el resto del día él anulará lo que predicó. Como dice el refrán: “No es lo mismo predicar que dar trigo”. En fin, el ejemplo personal del pastor es lo más importante.

¡Dependamos de la sabiduría de Dios al elegir hermanos para la obra de ser pastores!

 ONG - S.A.L.

Solidaridad, Ayuda y Libertad es una organización benéfica y legalmente constituida desde el año 2005.

Apoyada por un grupo de colaboradores, deseosos de trabajar y hacer una obra para personas, que por muchas circunstancia, necesitan de nuestra solidaridad y de nuestra ayuda para que en lo posible sean mas libres.

Esta organización no tiene ningún fin lucrativo y estamos dispuestos a servir en pos de una causa tan justa como es la ayuda humanitaria.

 ISLAS CANARIAS

Es un archipiélago del Atlántico, una de las comunidades autónomas de España. El archipiélago está situado frente a la costa noroeste de África, a tan sólo 95 Km. en el punto más próximo. Estamos a 1.400 km separados del continente europeo.

 ECONOMIA DE DIOS

Desde esta Web queremos presentarles una serie de bosquejos relacionados con la  Economía del Reino de Dios, tenemos la intención de proporcionar material para todos aquellos que estén interesados en conocer más sobre este tema tan importante y necesario en nuestros días de gran incertidumbre en las economías mundiales.


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